17 januari 2006

En Latino America y el Caribe soplan nuevos vientos.






EL SIGLO XXI PERTENECE A LOS PUEBLOS DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
Por Hernán Mena Cifuentes.
www.alternativabolivariana.org

Debió transcurrir más de medio milenio y soportar el más trágico proceso de invasiones, conquistas y explotación que conoce la historia, para que al finalizar el siglo XX e inicios del siglo XXI, los pueblos de América Latina y el Caribe se encauzaran hacia su definitiva libertad e independencia a través de pacíficos y transparentes procesos electorales, cuyos triunfadores, líderes de la izquierda, prometen conducirlos a la soñada integración económica, política y social.

El nuevo fenómeno, caracterizado por el triunfo de un grupo de líderes progresistas en los comicios celebrados durante los últimos siete años, se viene extendiendo de manera irreversible por toda la región, creando con su ejemplo condiciones favorables para el éxito de otros candidatos con los mismos ideales libertarios y avanzados proyectos de integración regional, en cuyas naciones tendrán lugar este año 2006 una decena de elecciones presidenciales.
Hasta no hace mucho tiempo, lo que hoy está ocurriendo en América Latina y el Caribe parecía algo imposible, una utopía, pues desde el primer día que los invasores españoles pusieron pie en la región en 1492, hasta mediados del siglo pasado, cuando Cuba se liberó del imperio yanqui y sus lacayos, al final de una gesta heroica de más de medio siglo, liderada primero por Martí y luego por Fidel, la resistencia armada fue hasta entonces la única forma de lucha de liberación conocida.

Para entonces, los campos de Norte, Centro, Suramérica y el Caribe, desde el Río Grande en México, hasta la Patagonia en Chile y Argentina, así como las islas caribeñas fueron regiones abonadas por la sangre de los mártires que cayeron abatidos luchando por la libertad e independencia de sus pueblos contra imperios que por siglos, persiguieron, torturaron, enfermaron y mataron a sus hijos, saquearon sus riquezas y destruyeron sus culturas, siendo el último y más cruel de ellos, el omperio yanqui.

Como ave de rapiña, este imperio se lanzó sobre México, Cuba, Haití, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Brasil, Argentina, Panamá, República Dominicana, Chile, Bolivia, Paraguay, Uruguay y otros pueblos de la región, unas veces invadiendo directamente y otras propiciando golpes de Estado para imponer sanguinarios dictadores, que apoyados por las oligarquías criollas sembraron hambre, miseria y muerte durante décadas, y asesinaron a centenares de heroicos dirigentes de la resistencia.

La revolución cubana, con su pueblo y su líder, que han desafiado y vencido durante casi medio siglo todos los intentos de los EEUU por destruirla, como invasiones, sabotajes y el más despiadado boicot económico jamás desatado contra pueblo alguno, contribuyó con su ejemplo a multiplicar la rebeldía de los pueblos oprimidos de la región, y así surgieron nuevos líderes dispuestos a seguir el mismo camino de libertad e independencia, y también los mismos riesgos.
Muchas batallas a través de la lucha armada se libraron desde entonces, y fracasaron todas ellas, sin embargo, la causa de la libertad y la justicia encontró el lado vulnerable y frágil de la barbarie, un enemigo que, si bien está dotado de la fuerza brutal que dan las armas y el dinero, carece de la inteligencia, la energía y el apoyo que sólo el pueblo suele dar a quienes buscan rescatarlo de sus garras.

Fue así como en Venezuela, Hugo Chávez Frías, un joven comandante, imbuido con los mismos ideales libertarios e integracionistas de Bolívar, su guía y maestro, luego de fracasar en un levantamiento armado contra uno de los gobiernos de la IV República en 1992, sustituyó la estrategia militar por la estrategia política, y tras una arrolladora campaña proselitista sustentada en un innovador programa de alto contenido social, triunfó contra todos los vaticinios, en las elecciones presidenciales de diciembre de 1998.

Aquella fue la chispa que inició el incendio de esperanzas que se propagó por toda América Latina y el Caribe, y desde entonces, como por «efecto dominó», se ha venido extendiendo a otros pueblos hermanos de la región hasta alcanzar primero a Brasil, luego a Argentina, después a Paraguay y Uruguay y más recientemente a Bolivia, estimándose que alcanzará a la mayoría de los diez países latinoamericanos y caribeños que en 2006 celebrarán elecciones presidenciales. Porque, si bien Fidel y la revolución armada cubana han sido y seguirán siendo ejemplo para esos pueblos, de la misma manera, la revolución pacífica venezolana y Chávez se han convertido igualmente para ellos en el nuevo modelo a seguir para conquistar el futuro de paz y desarrollo a que aspiran, tras siglos de permanecer inmersos en la miseria, el hambre, la ignorancia y las enfermedades a que los han condenado el Imperio y las oligarquías criollas.

Y es que en esos países, se observa cómo Venezuela con el apoyo solidario de Cuba, bajo la dirección de sus líderes, se viene desarrollando una serie de proyectos sociales como las misiones Robinson, Ribas y Sucre que están sembrando la luz del conocimiento, erradicando el analfabetismo y graduando bachilleres y profesionales en la patria de Bolívar, mientras la Misión Milagro rescata de la ceguera a cientos de miles de pacientes venezolanos y latinoamericanos.

La humanitaria misión que hoy cumplen ambos gobiernos y sus líderes a favor de sus semejantes, y a la cual se están incorporando los nuevos miembros de ese «Eje del Bien» al que el imperio bautizó como «Eje del Mal», constituido por Brasil, Argentina y Uruguay y al que este mes se sumará Bolivia, es vista por el resto de los pueblos de la región como la luz de esperanza que los rescatará del abismo de miseria en que viven una vez que en sus países se de el triunfo de los candidatos de la izquierda.

Y es que desde ya, dichos pueblos se ven reflejados en el mismo espejo en que hoy se miran sus hermanos de esas naciones donde se han dado y prometen darse los cambios políticos y sociales que abren espacios de integración como el Alba (Alternativa Bolivariana para América), propuesto por el presidente Chávez, la Misión Cero Hambre que desarrolla Lula da Silva en Brasil, y la promesa de Evo en Bolivia de nacionalizar la riqueza energética del país, entre otros innovadores proyectos de desarrollo social y económico.

Son esas perspectivas de progreso y desarrollo que presenta el modelo de izquierda que hoy impera en países como Venezuela, Brasil, Argentina y Uruguay y al que ahora se ha sumado Bolivia, cuyos líderes han asumido la responsabilidad histórica de integrarse, las que orientan en esa dirección a los pueblos de la región que este año participarán en ese importante número de eventos comiciales.

A la mayoría de los candidatos de esa decena de elecciones, como a los dirigentes convertidos hoy en mandatarios de los países pioneros de esos movimientos progresistas, la inspira el deseo de rescatar el legado que dejó inconcluso Bolívar, traicionado por algunos de sus seguidores, seducidos por la ambición, el Imperio y las oligarquías, que sumieron en hambre, miseria, ignorancia y enfermedades a sus pueblos.

Es fundamentado en las tendencias que exhibe el panorama político e ideológico y las intenciones de voto derivadas de las mismas, que los analistas y las encuestas dan como casi seguros ganadores en el conjunto de elecciones a la mayoría de los candidatos de izquierda frente a sus rivales de los partidos tradicionales, especialmente sobre los de derecha, apoyadas por los Estados Unidos y las oligarquías.

Los expertos Interpretan lo que sería la conducta de los electores, (quienes aseguran, han adquirido alto grado de conciencia política), como un “voto castigo” a algunos gobernantes de esos países que aspiran su reelección y a los candidatos de las organizaciones tradicionales, por el entreguismo que han asumido frente al capitalismo a través de su modelo neoliberal que les impuso perversas estructuras socioeconómicas y leoninas condiciones financieras a las que todavía permanecen atados esos pueblos.

El amplio abanico electoral del año 2006, decisivo para la consolidación de los movimientos de izquierda en América Latina y el Caribe, se abre este domingo 15 de enero en Chile, donde tendrá lugar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y en la que a socialista Michelle Bachellet figura como favorita frente al ultraderechista candidato opositor, Sebastián Piñera.
En Costa Rica tendrá lugar la segunda elección presidencial del año en la región, comicios en los que el Premio Nóbel de la Paz Oscar Arias goza de la preferencia del electorado en las encuestas ante su principal opositor, Otto Guevara, del Movimiento Libertario.

Dos días mas tarde, el 7 de febrero, habrá elecciones en Haití, luego de haber sido aplazada cuatro veces por maniobras del imperio y sus lacayos, para mejorar la imagen de sus candidatos, rechazados por un pueblo oprimido que aun rechaza el golpe de Estado de Washington que derribó a Jean-Bertrand Aristide hace dos años y que ve en el ex mandatario René Preval, del partido La Esperanza, una vía de escape del abismo de sangre y miseria debido a la represión de la servil oligarquía criolla .

En Perú, la contienda electoral presidencial tendrá lugar el 9 de abril, y entre los aspirantes a la primera magistratura, ha surgido a última hora, Ollanta Humala, un militar que se rebeló en 2000 contra el régimen de Alberto Fujimori, y quien viene sumando preferencias entre el pueblo por la postura nacionalista e integracionista que exhibe, hasta alcanzar una privilegiada posición en las encuestas preelectorales.

Para el 28 de mayo está fijado el evento comicial presidencial de Colombia, cuyo actual mandatario, Álvaro Uribe Vélez, aspira a la reelección, en un país que es escenario de conflicto bélico que desangra a la hermana nación desde hace medio siglo cuando la oligarquía criolla, apoyada por Washington, asesinó a Jorge Eliécer Gaitán y masacró a obreros, campesinos y otros dirigentes políticos progresistas que no tuvieron mas opción que lanzarse a la lucha armada liderada por Tirofijo, el comandante de las FARC.

En México, donde habrá elecciones el 2 de julio, Andrés López Labrador se presenta como el aspirante con amplias posibilidades de triunfo, y promete rescatar al pueblo del laberinto económico y social que vive desde que la nación cayó en la trampa anexionista del NAFTA, que los Estados Unidos y el actual presidente, Vicente Fox pensaban extender bajo la figura del ALCA al resto de América Latina, proyecto que fue derrotado en Mar del Plata por Chávez, Lula, Kirchner, Tabaré y Duarte.

Para el primero de octubre se darán las elecciones presidenciales en Brasil, evento en el participará Luiz Inacio Lula da Silva, segundo mandatario en sumarse a la progresista marcha de gobiernos revolucionarios, que en una nueva «Campaña Admirable» iniciada por Chávez en Venezuela, recorre los caminos de América del Sur, integrada además por Kirchner, en Argentina, Tabaré, en Uruguay y ahora por Evo Morales en Bolivia.

El 15 de octubre se elegirá un nuevo mandatario en Ecuador, otro país hermano, cuyo pueblo se ha venido rebelando en los últimos años, derribando varios presidentes sumisos al imperio, como ocurrió en Bolivia, en busca su definitiva independencia y liberación de las oligarquías criollas apoyadas por Washington.

En Nicaragua habrá elecciones el 5 de noviembre y entre los candidatos figura Daniel Ortega, líder del mítico FSLN, movimiento guerrillero que en 1979 puso fin a la dinastía de los Somoza, la más sanguinaria dictadura que haya padecido el continente y que desgobernó al país durante cuatro décadas con la protección de los EEUU, imperio que mediante la contra, un boicot económico y una candidata financiada por Washington volvió a apoderarse de la nación centroamericana en 1990.

Venezuela cerrará el abanico electoral a desplegarse durante el año 2006 en América Latina, con un evento comicial en el que su presidente actual, Hugo Chávez Frías, es considerado como seguro triunfador, en base al exitoso panorama social y económico que exhibe el país tras su gestión de siete años, tiempo durante el cual su proyecto revolucionario, inédito y pacífico, sobrevivió a la brutal actividad de una oposición golpista financiada por Washington.

Es así como la patria de Bolívar, donde se inicio hace siete años la nueva revolución pacífica de las izquierdas en Suramérica con el triunfo electoral de Hugo Chávez, seguido de las victorias de Lula, Kirchner, Tabaré y Evo Morales, promete al finalizar 2006, ser escenario de la continuación de un ciclo de victorias que harán del siglo XXI el siglo de América Latina y el Caribe, una región llamada a convertirse en uno de los grandes polos de poder económico y social del planeta.